La imagen de la mujer asexual, recatada, frígida es el resultado de siglos de represión de la mujer salvaje. En nuestro cuerpo de mujer tomado como mapa del tesoro encontramos todas las pistas para reconocer nuestra naturaleza sexual. En él encontramos más superficie dedicada a la sexualidad que en el hombre.
El problema fue y sigue siendo que en una mujer liberada sexualmente la libertad sigue fluyendo por su torrente sanguíneo y destruyendo cualquier barrera que encuentre. Hay un gran poder en la mujer sexualmente salvaje.
Una mujer que no depende que no está asustada de si misma.
Tenemos que reconquistar la sexualidad, es nuestra por derecho de nacimiento.